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La primera entrega de nuestra serie de entrevistas a artistas vinculados con la prefectura de Mie está dedicada a Sumio Kobayashi. Además de su faceta como compositor, Sumio Kobayashi ha desarrollado una carrera como lingüista y se ha pronunciado sobre diversos aspectos de las artes en general.

――Entremos directamente en materia: ¿qué tiene presente a la hora de componer?

Siento un profundo agradecimiento hacia la música en sí. Creo que le salvó la vida a una persona tan pequeña como yo, tanto física como anímicamente. Podría decirse que elegí el camino de la composición para devolverle a la música lo que me ha dado. Puede que a algunas personas les resulte extraño, pero los creadores, empezando por los compositores, deberían poder contribuir a prolongar la vida de su disciplina. También en el cine o el manga, por ejemplo, si solo se producen obras parecidas, que son refritos de otros refritos, la gente se aleja y ese ámbito va decayendo cada vez más. Para frenar ese declive, es necesario mostrar nuevas posibilidades dentro de la disciplina y mantener el vínculo entre ella y las personas. Creo que quienes crean las obras son los principales responsables de esa tarea, y tengo presente que los compositores y otros creadores pueden contribuir en ese sentido.

――¿Podría explicarnos sus obras?

Al tiempo que me especializaba en lingüística, siempre he intentado aprovechar al máximo esos conocimientos al componer. Creo que para detener el declive del que ya he hablado hace falta una música que solo yo pueda crear. Una de mis respuestas es escribir música poética. Pero no me refiero simplemente a que sea poética: he escrito teniendo en mente cómo acercar la música a la poesía como arte de las palabras. Una música que exprese elementos gramaticales del lenguaje y que, a la vez, sea sugerente, que deje un espacio para la imaginación de quien la lee, o más bien de quien la escucha. ¿Qué significa “comprender” la música? ¿Es distinto de comprender el lenguaje? ¿Existe algo parecido a una gramática universal que permita esa comprensión? Mis obras reflejan las respuestas personales que doy a esas preguntas.

Podemos cerrar los ojos, pero no los oídos. En la vida cotidiana entramos en contacto con músicas muy diversas y, aunque intentemos evitarlas, no podemos escapar de la música que nos rodea. Asimilamos inconscientemente la gramática de esas músicas, como la tonalidad. Numerosos artículos científicos han demostrado que este proceso se parece a la adquisición del lenguaje, por ejemplo en lo relativo al aprendizaje de consonantes y vocales y al reconocimiento de las escalas musicales. También desde esa perspectiva entiendo la tonalidad y otros sistemas musicales como una gramática, y parto de ahí para escribir música.

Después, poco a poco, quise expresar mediante la música un mundo semejante al de la pintura a tinta. Como continuación de esa búsqueda, últimamente pienso sobre todo en dibujar ilusiones ópticas con música. En esto también aprovecho al máximo mis conocimientos y herramientas lingüísticas. Mis especialidades dentro de la lingüística son la fonética y los enfoques psicológicos, de modo que en mis investigaciones también había trabajado con sonidos que funcionan como ilusiones ópticas, es decir, sonidos que producen ilusiones auditivas. A partir de diversos estudios previos, creo que el resultado ha ido tomando una forma de ilusión óptica cuyo universo recuerda a las obras de un escritor que me gusta mucho: Gérard de Nerval. En concreto, utilizo lo que se conoce como tono de Shepard y la paradoja del tritono. Ya ha habido compositores que han utilizado en algunos pasajes algo parecido al primero, pero yo quisiera emplearlo de una forma lo más completa posible, entretejer también el segundo y hacerlo, además, en obras para instrumento solista. Así quiero llegar a escribir obras singulares como pionero de este enfoque. La pieza que actualmente refleja mejor mis experimentos con el tono de Shepard se titula Unreal Rain, es decir, “Lluvia imaginaria”.

​Escuche y vea Unreal Rain aquí

――¿Con qué visión del futuro del arte aborda su trabajo?

Sin duda, el arte evolucionará hacia formas con una mayor cantidad de información, porque las capacidades cognitivas de las personas están avanzando. Los programas de televisión sobre fantasmas que eran populares antes hoy serían impensables, ¿no? En definitiva, el conocimiento colectivo de la sociedad va madurando y, como resultado, cada vez es menos posible recurrir a cosas que solo servirían para engañar a un niño. Todo tipo de cosas se vuelven más complejas. También en el arte podemos entrar fácilmente en contacto con obras muy diversas y, a medida que madura el conocimiento cultural sobre el arte, esos recursos pueriles dejan de funcionar. Por el contrario, creo que eso también permite que se acepten obras con cierto grado de complejidad. Aunque depende de la disciplina.

――¿A qué se refiere?

Últimamente, la música se está convirtiendo cada vez más en un fondo y está dejando de ser el elemento principal. Los seres humanos tenemos todo tipo de deseos, y creo que entre ellos hay también un deseo de información. Un vídeo es preferible a una imagen, y ver y experimentar algo en persona es preferible a un vídeo. Por ejemplo, probablemente hoy se tiende a considerar que los videojuegos tienen un estatus inferior al del cine. Pero, a medida que los juegos permitan vivir experiencias en el verdadero sentido de la palabra, su estatus aumentará si el cine no adopta una nueva forma. Es decir, las personas prefieren aquello que contiene más información. Hoy estamos en la era del vídeo, y en muchos aspectos la música no puede competir con su riqueza informativa. Como resultado, la música se está convirtiendo en un simple fondo, en un elemento que apenas pasa de ser un añadido al vídeo. La música del cine y de los juegos, la música que se utiliza en los vídeos, queda cada vez más relegada al fondo. Y si esa tendencia no se detiene, es decir, si la gente acaba escuchando música únicamente de manera distraída, no podrá seguirla cuando se vuelva más compleja. En ese sentido, querer hacer la música más compleja podría ser una idea arriesgada. Teniendo en cuenta esto y lo que he explicado antes, los músicos tendrán que crear música nueva sin aumentar su complejidad.

Creo que resulta más fácil de entender si pensamos en los dispositivos portátiles. Para empezar, el Walkman, que permitía escuchar música fuera de casa, tuvo unas ventas espectaculares, ¿verdad? Hizo posible llevar siempre encima esa información que es la música. Eso demuestra que los seres humanos queremos llevar la información con nosotros y estar en contacto con ella en todo momento. Ahora hay cada vez más personas que ven vídeos en el teléfono móvil. En el fondo, si podemos llevar tanto información musical como información en vídeo, esta última contiene más información que la música y, por ello, es más fácil que se considere mejor. Antes, la información que podíamos llevar con nosotros eran los libros o el Walkman; ahora también podemos llevar vídeos. Al conducir y en determinadas otras situaciones todavía no es posible ver vídeos, así que la música sigue teniendo cabida. Además, como es difícil ver un vídeo de pie en el tren, hay personas que se limitan a escuchar música o a leer textos. Pero si en el futuro avanza la conducción autónoma o cambia la configuración de los trenes, la situación debería transformarse en muchos aspectos, también para la radio. En definitiva, en la sociedad la gente vota con su dinero y así determina la dimensión y la dirección del arte. Por eso la música tendrá que experimentar grandes avances. El texto, en cambio, podría conservar su forma actual durante mucho tiempo, ya que ofrece ventajas prácticas propias: por ejemplo, facilita fijarse en un punto concreto, concentrarse o buscar información.

――Reflexiona sobre todas estas cuestiones con mucha disciplina y seriedad.

En realidad me gustaría decir muchas más tonterías y bromear más, pero, después de pensarlo, me contengo. La disciplina probablemente sea una especie de afición, una forma personal de dandismo o narcisismo. Creo que a Yukio Mishima, por ejemplo, le ocurría algo parecido. Pienso que reflexionar sobre la propia manera de ser conduce a la creación. Y también me interesa, por así decirlo, esa especie de “puerta estrecha” que hay al final del camino.

――¿La puerta estrecha?

Una vez obtuve un gran “resultado”. En aquella ocasión perseguí lo que de verdad quería hacer y conseguí un resultado. Fue una experiencia que me cambió la vida. Aunque los resultados apenas tienen significado para un artista.

Yo intentaba preservar el carácter sagrado de mis obras evitando recurrir a los contactos, a la adulación y a cosas de ese tipo. Obtener un resultado de esa manera me produjo una sensación de realización imposible de expresar con palabras y el mundo cambió por completo. Supongo que es inevitable, pero en el mundo del arte resulta difícil mantenerse al margen de cosas que son justo lo contrario de lo sagrado.

En aquella época vivía en Gran Bretaña y salía a correr todos los días por una campiña bucólica, por caminos que ni siquiera estaban pavimentados. Todavía recuerdo con mucha intensidad cómo, al día siguiente de recibir por correo electrónico la noticia de ese “resultado”, el paisaje habitual que veía mientras corría me pareció un mundo completamente distinto, aunque no habían cambiado ni los colores, ni el tiempo, ni nada más. Esa sensación de que todo tiene exactamente el mismo aspecto y, sin embargo, parece un mundo totalmente diferente.

――¿Fue una especie de punto de llegada?

Puede que sí. Pero lo que normalmente se considera un punto de llegada suele dar la impresión de que, una vez alcanzado, todo termina ahí. En realidad fue completamente distinto.

――¿En qué sentido?

Aunque uno alcance algo apartando toda impureza, se encuentra con obstáculos de todo tipo, uno tras otro. Las tentaciones, el resentimiento, la mala suerte: esas cosas se acercan y hay que esquivarlas constantemente. Al más mínimo error, uno ya no puede ver aquel paisaje.

El resentimiento es como la gravedad, un fenómeno natural. La gravedad tira, literalmente, de los pies de quienes intentan ascender, pero es inútil tratar de neutralizarla. Existe algo parecido a la “puerta estrecha” de André Gide y se puede atravesar en vida. Solo que, una vez cruzada, probablemente haya otra puerta. En ese sentido, quizá los artistas estén constantemente a prueba.

――Quisiera preguntarle por la realización de sus obras. ¿Utiliza alguna herramienta?

Básicamente, el ordenador es imprescindible. Sea cual sea la obra que haga, el proceso de creación es tal que no podría llevarlo a cabo únicamente con mis propias capacidades físicas. En el mundo actual, en cierto sentido, casi no existen kanji cuya lectura no podamos averiguar, ¿no? Basta con buscarlos y aparece la respuesta enseguida. De la misma manera, si investigamos podemos averiguar casi cualquier cosa y conseguir herramientas de todo tipo.

Por ejemplo, quienes escriben novelas suelen utilizar diccionarios de sinónimos. Se podría decir que este pequeño recurso, casi un truco del oficio, les ha permitido lograr una expresión más profunda y diferente de la de la gente corriente. Es decir, los profesionales pueden escribir como profesionales no solo gracias a su capacidad, sino también porque conocen una herramienta como el diccionario de sinónimos. Hoy existe una enorme variedad de herramientas y hay muchísimas personas que, aun conociéndolas, no las utilizan. En esta situación, creo que podrán destacar y hacer grandes cosas quienes comprendan que esas herramientas ya hacen posible lo que parecía imposible y exploren a fondo sus posibilidades. Existe la expresión “saber que no se sabe”, pero en la época que viene debería ser aún más importante saber lo que sabemos y reconocer lo que es posible. En cierto sentido, ya nos hemos convertido en superhombres: tenemos que darnos cuenta de ello y utilizar esa fuerza.

――¿Cómo cree que haber nacido y crecido en la prefectura de Mie ha influido en su arte?

Si dijera algo como “la prefectura de Mie está llena de naturaleza…”, eso sería igual que en muchas otras partes de Japón. Lo que hace especial a Mie y permite decir que es realmente un buen lugar para los artistas quizá sea la presencia de lo divino que se percibe allí. No es algo tan simple como que allí esté el santuario de Ise. Incluso en las montañas alejadas del santuario hay lugares que hacen sentir algo. No es raro que se diga que el arte y lo divino tienen el mismo origen y que existe una afinidad entre ambos. Creo que algo de ese arraigo en el lugar cultiva en las personas una sensibilidad que las lleva a prestar atención al arte con más facilidad. Me gustan mucho Matsuo Bashō, Motoori Norinaga y Yasujirō Ozu, los tres vinculados con la prefectura de Mie. Quizá esa dimensión divina de Mie también los haya influido de alguna manera.

Durante un tiempo viví en Tokorozawa, en la prefectura de Saitama, cerca del Belluna Dome. Allí había otro tipo de ambiente, relajado, que me permitía crear con calma y dedicación. De alguna manera, sentí que comprendía bien la relación entre Hayao Miyazaki y Tokorozawa.

――¿Hay algo que le gustaría hacer en el futuro en la prefectura de Mie?

Son tantas las cosas que de verdad quiero hacer que no sabría dar una respuesta precisa, pero, a grandes rasgos, tengo dos ideas. Una es organizar un festival de las artes y la otra es crear un lugar parecido a un parque dedicado al arte. Actualmente no trabajo en nada de eso y, por ahora, son solo aspiraciones mías. Pero, curiosamente, me encuentro pensando en distintos aspectos de estas ideas en los pequeños ratos libres que surgen.

――Aquí termina nuestra entrevista con Sumio Kobayashi. Muchas gracias por su colaboración.

​Le invitamos también a leer “Entrevista, segunda parte”, donde conversamos con el señor Kobayashi sobre temas más personales y ligeros, entre ellos su infancia.

​1 de abril de 2021

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